El esguince de tobillo es una de las lesiones más comunes de los corredores. Por ello vamos a informaros para que sepáis reconocer, en caso de que sufráis la lesión, su gravedad, y el mejor modo de tratarla.
Extracto del nº 105 de la revista Runner's World.
POR: Hernán Silván
La parte posterior del pie se le llama tarso, y está formado por varios huesos de los que el calcáneo (hueso del talón) y el astrágalo son los más grandes. De la relación entre el astrágalo con la pierna (supra-astragalina) por arriba y con el calcáneo por abajo (subastragalina) depende la buena marcha del tobillo. El astrágalo es el único hueso donde no empieza ni acaba ningún músculo o tendón. Parece que la naturaleza lo ha puesto ahí para generar la máxima libertad de movimientos. Las únicas estructuras anatómicas que pueden fijar al astrágalo limitando sus posibles excesos son los ligamentos. Y son esa especie de "pegamento entre huesos", los ligamentos, los que se distienden y lastiman si la rotación o torsión del tobillo, es decir, la movilidad del astrágalo respecto a pierna (tibia y peroné) y pie (calcáneo), ha sido excesiva. Así sucede en cualquiera de las múltiples torceduras que se repiten a lo largo de la vida, unas más fuertes otras menos, pero constantes por nuestra obligada deambulación.
CÓMO RECONOCER SI ES GRAVE
Es una de las lesiones más frecuentes en las consultas de Traumatología y Urgencias y puede resultar limitante y difícil de recuperar íntegramente si no se toman unas medidas adecuadas de choque y, tras el tratamiento, de prevención. Cabe decir que una clasificación precisa, según el tipo y grado del esguince, va a posibilitar un mayor acierto en el tratamiento. Por tanto, un diagnóstico correcto es de suma importancia para saber a qué atenernos. No es lo mismo una distensión de ligamentos que un esguince propiamente dicho, donde la torcedura lleva asociada, además de la distensión citada, una distorsión ósea cuya principal consecuencia es la disminución de la movilidad del astrágalo al haber sido llevado más allá de los límites fisiológicos. Cuando hemos sufrido una fuerte torcedura, los ligamentos tratan de amortiguar el impacto, pero puede que sean cizallados en exceso y no puedan frenar al hueso (a veces incluso se rompen en el intento; sería un esguince de "tercer grado"). Éste, que suele ser el astrágalo, queda muy desplazado y, cuando el pie recupera la posición inicial tras la torcedura, no acompaña al pie en todo su movimiento, queda "fijado". Un astrágalo fijado, aunque ya no tengamos inflamación ni dolor o molestias, indica que el tobillo no está bien recuperado, pues su hueso principal en el juego articular no está totalmente repuesto. Esta situación, que pasaría inadvertida en personas sedentarias hasta que sufrieran una torcedura fuerte, es crucial para alguien que cae a diario con impacto diez o quince mil veces sobre su tobillo, como sucede en el atleta corredor de fondo.
Nuevamente, el deporte de competición nos enseña una forma eficaz (y fácilmente extrapolable al resto de la población) de recuperar mejor las lesiones. Por esta razón debemos ser muy puntillosos a la hora de valorar y recuperar un esguince de tobillo. La simple observación y la placa radiográfica son válidas pero no suficientes. En cuanto a los ligamentos laterales tienen una doble misión: La primera es puramente mecánica, sujetar al tobillo, pero la segunda es "propioceptiva" (informan al Sistema Nervioso de nuestra situación postural y de si ésta es la más adecuada para caminar o sostenernos de pie o realizar un determinado gesto o postura); los receptores estimulados por la excesiva tensión del ligamento son los responsables de la "inseguridad" secundaria a la torcedura. En un esguince, los ligamentos son solicitados en exceso y esto lo detectan los receptores propioceptivos, que mandan rápidamente la orden al Sistema Nervioso. Éste responde impidiendo que el tobillo siga cayendo hacia fuera (así evita la rotura de huesos y ligamentos). Como consecuencia, toda la articulación, que reconoce esta orden, reacciona y termina volcando el tobillo al otro lado gracias a un movimiento paradójico del astrágalo. Esto sucede en milésimas de segundo y evita males mayores. Pero a los pocos minutos comenzará a fraguarse una inflamación que se podrá observar horas después a modo de hinchazón (una especie de "huevo de gallina" en el exterior del pie) y empezará a doler hasta impedir el apoyo en el suelo y, momentos más tarde, los movimientos simples en el aire sin apoyo.
TRATANDO UNA SIMPLE DISTENSIÓN
Cuando hemos solicitado un esfuerzo extra a nuestros ligamentos laterales o anteriores del tobillo, la consecuencia inmediata es la hinchazón y el dolor. De suceder esto, hasta en las torceduras más pequeñas que se hinchen, debemos poner hielo a discreción, los tres primeros días. El pie debe permanecer elevado y en reposo, las 24 primeras horas, al menos. Se aconseja un vendaje funcional, para movernos esos primeros días. Así pues hielo, compresión, elevación y reposo funcional, es lo más aconsejado al principio. Conviene revisar la articulación por si la lesión fuese de gravedad (el paciente no podría apoyar el pie, dolería mucho y referiría haber oído un chasquido cuando se lesionó) y descartar un fractura ósea, ya sea en Urgencias o en días posteriores, en la revisión por el especialista.
La aplicación de Traumeel crema, a modo de emplaste nocturno es muy aconsejable, desde el primer día y a lo largo de todo el tiempo de recuperación. Como tratamiento biológico, la toma de Traumeel oral, en comprimidos, es la norma desde las primeras horas. A razón de un comprimido cada media hora, hasta seis en el día de la distensión. El resto de días, hasta aproximadamente una semana, repetimos la toma de un comprimido sublingual hasta tres veces. Pasada la primera semana la hinchazón habrá bajado y podremos iniciar la marcha, con el vendaje funcional o "taping" y mucha precaución. Varios días después comenzaremos suavemente con los ejercicios propioceptivos de equilibrio y de movilidad indolora. Así prevenimos recaídas, que no son infrecuentes en tobillos laxos o incorrectamente recuperados.
Conoce más sobre el esguince de tobillo en el número 105 de Runner's World.